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lunes, 8 de enero de 2018

Puerto Rico desaparece cada vez mejor


Por Juan Ramón Duchesne Winter

Puerto Rico entró en bancarrota total en 2016 y pasó al control de una Junta de Supervisión Fiscal compuesta por banqueros y financistas buitres nombrados por el Congreso de Estados Unidos. Luego, en septiembre de 2017, uno de los huracanes más destructivos generados por el cambio climático global postró al país indefinidamente y casi acabó con su sistema eléctrico. Se informa que un promedio de 2.000 personas abandonan la isla a diario. Los análisis de la prensa hablan de una literal desaparición de Puerto Rico.

No es necesario ser nacionalista para que se nos erice la piel cada vez que los medios avisan que está desapareciendo el país al que pertenecemos. Pero titulares del estilo de «Puerto Rico se vacía lentamente» ya encabezaban varias veces al mes los artículos noticiosos desde mucho antes del huracán María. La población ya había descendido de 3,8 a 3,4 millones en la última década. La angustia por su potencial desaparición es un síndrome antiguo en la isla desde que la catástrofe de la colonización española exterminó al pueblo taíno que la habitaba. Tras la desaparición de los taínos, los cronistas españoles de los siglos XVI y XVII advertían, angustiados, sobre el despoblamiento crónico y rogaban por el repoblamiento del territorio. Pasó el tiempo y la población se centuplicó. Despoblar y repoblar parecen ir de la mano.

Con la ocupación norteamericana en 1898 (que se extiende hasta el día de hoy) volvió la angustia de desaparecer, esta vez, por los trastornos causados por medidas draconianas del nuevo régimen, entre muchas otras, el desplazamiento de la pequeña agricultura independiente por el monocultivo agroindustrial de propiedad extranjera, así como la imposición del inglés como lengua de enseñanza y de uso oficial. Pero en este caso parecía imposible que el poder colonial norteamericano aplicara con éxito el esquema de sustitución de población (nativos por blancos) que en sus fronteras oeste y sur, y luego en Hawái y en Alaska, convirtió la colonización en anexión para amasar uno de los países con mayor territorio del mundo. El fundador del nacionalismo puertorriqueño, Pedro Albizu Campos, aducía que los yanquis no querían los pájaros sino la jaula pero se habían topado con que la población puertorriqueña era demasiado numerosa.

El nacionalismo fue liquidado a punta de masacres y penas carcelarias interminables. Hacia 1945, el proyecto desarrollista dejó atrás el modelo del monocultivo, creció sin pausa y alcanzó su cenit antes de terminar la década de 1970. Entonces cayó la macacoa. En 1980 empezó a desinflarse el globo. A partir de ahí persistió sin gran impulso lo que Haroldo Dilla, en su libro Ciudades en el Caribe: comparación de La Habana, San Juan, Santo Domingo y Miami (Flacso, 2014), resume como «una prosperidad subsidiada que oculta la realidad de una economía agotada». La transferencia masiva de subsidios federales y la emigración ocultaron los daños de un sistema inviable. Tan efectivo fue el ocultamiento que, de hecho, no se puede negar que dentro de ese globo se creó la clase media proporcionalmente más numerosa del Caribe, se alcanzaron tasas de educación universitaria de 18% (más altas que en Alemania y Francia) y el producto interno bruto (PIB) per cápita fue 3 veces mayor que el promedio de todos los países latinoamericanos, lo que le permitió a San Juan ocupar el lugar 16 entre 50 ciudades latinoamericanas, solo superada por Miami en el Caribe.

Pero, por otro lado, tampoco se puede negar que el desarrollismo acarreó considerable pobreza relativa y absoluta, mayormente por vía de la exclusión de importantes sectores. Esto no pudo paliarse siquiera con la altísima emigración de la cual resultó que hoy casi 5 millones de puertorriqueños vivan en EEUU frente a los poco más de 3 millones que permanecen en la isla. Pese a esa válvula de escape, persiste una ocupación laboral de solo 48%, 10 puntos más baja que el promedio latinoamericano y 17 puntos más baja que la de EEUU, y persiste la extrema desigualdad, que arroja un coeficiente Gini de 57, similar al de Paraguay y, como advierte Dilla, «sólo superado por Brasil, que con 60 es el país más inequitativo del planeta». Se conoce el hecho de que Puerto Rico es dos veces más pobre que Mississippi, el estado más pobre de EEUU. En términos absolutos, la pobreza sigue imperante en la isla, como lo ha documentado ampliamente Linda Colón en su libro Pobreza en Puerto Rico. Radiografía del Proyecto Americano (Nueva Luna, 2005). De esa desigualdad, agravada con las frustrantes expectativas de alto consumo implicadas en el modelo desarrollista, deriva una amenazante anomia y descomposición social.

San Juan ocupa el lugar 25 entre las ciudades más violentas del mundo, y el primer lugar en el Caribe, por encima de Kingston. La tasa de asesinatos quintuplica la de EEUU y ocupa el lugar 16 a escala mundial. Tan deletérea como todo esto es la sustitución de las mejores tierras agrícolas por zonas urbanizadas que ocupan el 27% del territorio y la caída de la producción agrícola al 1% del PIB, lo que ubica a Puerto Rico como uno de los países con mayor precariedad alimentaria en términos de autosustentabilidad, a lo que se agrega la destrucción extensa e irreversible de las zonas naturales de acopio de agua.

Extrajimos la mayoría de estos datos del libro de Dilla que además documenta la conclusión impresionante de Carl Soderberg, exdirector de la división Caribe de la Agencia Federal de Protección Ambiental de EEUU quien concluye que «Puerto Rico implica para el mundo una carga ecológica insostenible» tras considerar que la isla alberga a 750 automóviles por cada mil habitantes que consumen más gasolina que los siete países centroamericanos sumados y que «cada boricua, como promedio, aporta al calentamiento global un 230% más que el resto de los terrícolas». Soderberg refirió que en la imagen satelital nocturna del Caribe y Centroamérica, Puerto Rico brillaba más que Ciudad México, que tiene 20 millones de habitantes, lo cual delataba su descomunal consumo de energía eléctrica y de combustibles fósiles.

Ya no es así, esa luz delatora está muy atenuada; el huracán que ocasionó en septiembre de 2017 el colapso energético más extenso y prolongado en la historia de la jurisdicción norteamericana remacha un síncope anunciado años atrás, al cual han contribuido los cinco jinetes de la catástrofe: 1) el cambio climático resultante de la crisis ecológica global en que desemboca toda la sociedad agroindustrial moderna (no solo el capitalismo); 2) la involución global de la economía hacia el neoliberalismo, que propicia la acción criminal de los financistas buitres para alimentarse de la autodestrucción del capital y la corrupción endémica que la acompaña; 3) el desgaste del modelo desarrollista de «prosperidad subsidiada» con exención de impuestos a las corporaciones, alto consumo, crecimiento metastásico, depredación del espacio natural y exclusión socioeconómica; 4) la incapacidad cada vez mayor de los gobernantes de turno; y 5) el status colonial, un factor importante pero relativo a lo antes mencionado.

Sin constitución como alternativa electoral, existe una izquierda neonacionalista con presencia sindical, profesional y estudiantil, sobre la huella del autodisuelto Partido Socialista Puertorriqueño. Esta izquierda ha incorporado la catástrofe del huracán a un discurso que explica de esta forma la historia reciente de la isla: desde hace cuatro décadas, el universo de electores isleños que vota por el Partido Nuevo Progresista (PNP), que postula la anexión del país a Estados Unidos como un estado pleno, amenaza con convertirse en mayoría absoluta y definitiva. Durante ese mismo tiempo, ese sector anexionista ha sido contenido a duras penas por el Partido Popular Democrático (PPD), que busca mantener al país indefinidamente vinculado a la metrópolis como un «territorio no incorporado», el cual según dicta una decisión vigente del Tribunal Federal, «pertenece a, pero no es parte de» EEUU. Ambos partidos están inextricablemente ligados al proyecto desarrollista fracasado.

La izquierda neonacionalista ha decidido desde hace décadas que más puede el miedo a la anexión que el deseo de la independencia –electoralmente muy minoritario–, por lo que ha optado, sin decirlo explícitamente, por practicar una suerte de «entrismo» que consiste en apoyar al PPD para transformarlo, aunque no llega a «entrar» por completo. Este sector ha encontrado un paladín formidable en la actual alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, perteneciente al PPD, tras su elocuente denuncia de la inoperancia de la ayuda post-desastre de diversas agencias del gobierno federal de EEUU y su valiente postura ante las indignidades racistasexpresadas por el presidente Donald Trump respecto de Puerto Rico.

El discurso del mal menor de la izquierda neonacionalista insiste en que la causa primaria de la bancarrota, del desastre, del subsiguiente colapso y de todos los antecedentes deletéreos que hemos mencionado es, ya no tanto el régimen colonial de la isla, como aducirían el nacionalismo o el independentismo históricos, sino la gestión del sector anexionista como tal, al cual anteponen un lenguaje antinorteamericano «mongo» que solo aspira a tener un chusco look antiimperialista, como el reggaetón de Calle 13, que incluye atolondrados guiños a figuras de marca «antinorteamericana» de la región como Raúl Castro, Nicolás Maduro y Daniel Ortega. La ironía es que su estrategia de repudio a la anexión como objetivo principal los llevará próximamente a apoyar a Yulín como candidata salvadora a la gobernación, dándole así por enésima vez un cheque en blanco a un partido que defiende la continuidad perpetua del presente proyecto desarrollista tanto o más que el que ocupa la gobernación actualmente (PNP), pues lo que más les importa a los neonacionalistas es que el PPD funcione como el dique que contiene a las fuerzas de la anexión. El discurso de Yulín ante la bancarrota, el desastre y el colapso es que todo ello responde, antes que nada, a la perfidia entreguista del sector anexionista, mientras que ella y su partido exigen mayor respeto de los yanquis, sin pretender de ninguna manera, claro, alterar el actual sistema. Mientras tanto, los neonacionalistas se ilusionan con las apenas insinuadas promesas de Yulín, nunca cumplidas por sus copartidarios «populares», de que gestionará una fórmula de status con mayor autonomía frente a EEUU.

Además de esta izquierda neonacionalista, están el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), que representa la demanda histórica de independencia y nunca obtiene más del 3% de los votos, si bien suele elegir algún representante o senador en la legislatura colonial, y el Partido del Pueblo Trabajador (PPT), que pone el acento en un programa alternativo al modelo desarrollista neoliberal más que en el reclamo específico de la independencia y el repudio a la anexión; electoralmente se mantiene en una posición marginal. Más allá de la política partidaria existen sectores ecologistas, que practican la autogestión comunitaria y la autosustentabilidad agraria y que buscar forjar con talento y sensibilidad una alternativa al sistema agroindustrial moderno y que apuestan a otro tipo de civilización, entendiendo las urgencias reales de la era del antropoceno.

Mientras tanto, los financistas buitres de la Junta de Supervisión Fiscal que efectivamente controla el país, y el gobernador de turno que pretende mantener los votos, compiten entre sí para ver quién se queda con las piltrafas del sistema de energía eléctrica que su incuria y corrupción redujeron a la máxima precariedad frente a los eventos climáticos, y cada quien trata de capturar los beneficios de la privatización inminente. El país podría quedar postrado ante quien controle la distribución de una energía eléctrica escasa, precaria y astronómicamente costosa que solo promete insistir en la obsoleta quema de combustibles fósiles para seguir abonando al cambio climático que trae más y mayores huracanes. Caso ilustrativo si los hay del capitalismo carroñero de desastres magistralmente denunciado por Naomi Klein.

domingo, 7 de enero de 2018

¿Por qué EEUU obligó boricuas tener su ciudadanía? Why US forced its citizenship on Boricuas?


Mucha gente no sabe que la Asamblea de Delegados Puertorriqueño rechazó la oferta del gobierno de Estados Unidos sobre su ciudadanía para los puertorriqueños. Estados Unidos respondió obligándonos a tenerla vía la Ley Jones del 1917.

El plan de Estados Unidos siempre ha sido la explotación perpetua de Puerto Rico. Por eso, este gobierno necesitaba una manera para evitar que los boricuas resistieran su control colonial sobre ellos. Su objetivo era cambiarle la lealtad de los boricuas a Estados Unidos. Y por eso es que los boricuas estamos divididos.

El gobierno de Estados Unidos ha explotado a los boricuas por 120 años. La evidencia más sorprendente es que más boricuas viven fuera de su territorio nacional. Pedro Albizu Campos nos alertó de eso cuando dijo que los americanos le interesaban la jaula y no a los pájaros. Si alguien tiene duda de eso, oprima el siguiente enlace para que el Dr. Nelson Rochet Santoro lo explique: https://www.youtube.com/watch?v=dRHGdhRBG1M&t=5s

Fufi Santori Coll se dio cuenta de la razón por la cual Estados Unidos nos obligó tener su ciudadanía en 1993. Fufi se convenció que los boricuas nunca serán libres mientras tengan una ciudadanía extranjera. Oprima este enlace para escuchar a Fufi explicarlo: https://www.youtube.com/watch?v=Ip1edmZt5bA&t=2021s

Fufi lideró a 1,500 boricuas a renunciar su ciudadanía estadounidense. Eso causó pánico al gobierno de Estados Unidos. Washington DC ordenó rápidamente a su embajada en la Republica Dominicana de no aceptarle las renuncias de 14 boricuas. ¿Por qué?  

El gobierno de Estados Unidos se dio cuenta del problema que tendría si los boricuas masivamente renunciaran su ciudadanía estadounidense. ¿Sabe usted que Puerto Rico le pertenece a, pero no es parte de Estados Unidos? Si renunciamos su ciudadanía, tendríamos que regresar a Borikén. Eso le causaría una crisis a Estados Unidos sin tener que usar la violencia. ¿Qué haría el gobierno de Estados Unidos?

¿Sabe usted que Estados Unidos viola la Carta Magna de la Organización de Naciones Unidas (ONU) por tener colonizado a Puerto Rico desde 1898? ¿Sabe usted que el gobierno de Estados Unidos ha ignorado 36 resoluciones de la ONU pidiéndole que le entregue la soberanía de Puerto Rico a los puertorriqueños? Si nosotros renunciaríamos masivamente su ciudadanía, eso podría ser lo que obligaría a Estados Unidos a cumplir con la ley internacional.

Exhortamos a todo boricua que quiere la descolonización de Borikén que renuncie la ciudadanía estadounidense en el día del cumpleaños de Fufi, el lunes, 7 de mayo. ¡Necesitaremos un tsunami de renuncias para lograrlo, porque los que nos obligaron a tener su ciudadanía para mantenernos colonizados no creen en la LIBERTAD Y EN LA JUSTICIA PARA TODOS! https://www.facebook.com/groups/1697349163904877/


Many people don’t know that the Boricua Assembly refused the United States (US) government’s offer of US citizenship for Puerto Ricans in 1917. The US’ response was to impose it on us via the Jones’ Act. 

The United States’ plan has always been to exploit Puerto Rico forever.  That is why it needed a way to prevent Boricuas from resisting its colonial rule over them. The US government’s objective was to shift Puerto Ricans’ loyalty to the United States of America. And this is why Boricuas are divided.

The US government has exploited Borikén for the past 120 years. The most astounding evidence is that more Puerto Ricans live off our national territory. Pedro Albizu Campos saw that coming when he warned us that the US wanted the cage, and not the birds. If anybody doubts that, please click on the following link to hear Dr. Nelson Rochet Santoro’s explanation: https://www.youtube.com/watch?v=dRHGdhRBG1M&t=5s

Fufi Santori Coll realized why the US government force us its citizenship in 1993. He became convinced that Puerto Ricans could never be free as long as we had a foreign citizenship. Click on this link to hear Fufi explain it: https://www.youtube.com/watch?v=Ip1edmZt5bA&t=2021s
Fufi led 1,500 Boricuas to renounce their US citizenship. That caused panic to the US government. Washington DC ordered its embassy in the Dominican Republic to not accept the renouncements of 14 Boricuas. Why?

The US government realized the problem that it would have if Puerto Ricans massively renounce their US citizenship. Are you aware that Puerto Rico belongs to, but is not a part of the United States? If we were to renounce our US citizenship the only place for us to go is back to Boriken. That would create a crisis for the US government without using violence. What would the US government do?

Do you know that the US violates the United Nations (UN) Charter by having Puerto Rico as its colony since 1898? Do you know that the US has ignored 36 resolutions asking it to immediately give Puerto Rico’s sovereignty to the Puerto Ricans? So if we were to massively renounce our US citizenship that might be what could force the US government to comply with international law.

We invite all Boricuas who want to decolonize Borikén to renounce US citizenship on Fufi Santori’s birthday, Monday, May 7. We will need a tsunami of renouncements to achieve it, because those who forced their citizenship on us to maintain us under their colonial rule don’t believe in LIBERTY AND IN JUSTICE FOR ALL! https://www.facebook.com/groups/1697349163904877/

viernes, 5 de enero de 2018

¿Cómo perdimos nuestra nacionalidad boricua?


Fufi Santori Coll escribió un librito el año después que el Partido Nuevo Progresista ganó por primera vez las elecciones en Puerto Rico en el 1968. Fufi, y un grupo de jóvenes del Partido Popular Democrático, se reunieron con el presidente de ese partido, Luis Muñoz Marín, para discutir esas inquietudes en el 1969. ¡Muñoz termina la reunión botando a estos jóvenes del partido! Oprima los siguientes enlaces sobre el librito: http://informacionaldesnudo.com/wp-content/uploads/2017/08/fufi-pdf.pdf y https://www.youtube.com/watch?v=H9jAWcvNf9g&t=11s

Pedro Rosselló González decidió en el 1993 declarar al inglés como uno de los 2 idiomas oficiales de Puerto Rico. Fufi se da cuenta de que la ciudadanía estadounidense es un impedimento para la independencia de Puerto Rico. 

Fufi empezó una campaña para informar a los boricuas sobre la importancia de renunciar masivamente la ciudadanía estadounidense. 1,500 boricuas acompañaron a Fufi en esta gesta.     El gobierno de Estados Unidos se vio amenazado y ordenó a su embajada en la Republica Dominicana no aceptar las renuncias de 14 boricuas. Oprima el siguiente enlace para escuchar a Fufi contar esa historia: https://youtu.be/Ip1edmZt5bA


El gobierno de Estados Unidos nos ha causado una crisis por 120 años. Tenemos más boricuas fuera de nuestro territorio nacional que dentro. ¿Estaremos listos para causarle una crisis al gobierno de Estados Unidos? Haríamos eso con solo renunciar masivamente la ciudadanía estadounidense. ¿Qué más nos puede pasar? Oprima aquí para ver una entrevista sobre su libro Perspectivas: https://www.youtube.com/watch?v=NJIgaw-hMg0&t=3s    

Fufi cumple año el lunes, 7 de mayo. Ese día seria el día perfecto para que todo boricua renuncie su ciudadanía USA. La renuncia masiva es necesaria para obligar al gobierno de Estados Unidos a cumplir con la Carta Magna de la Organización de Naciones Unidas y sus 36 resoluciones pidiéndole que le entregue la soberanía de Puerto Rico a los puertorriqueños.

¡Tenemos que empujar esto, porque los que nos obligaron tener su ciudadanía para oficialmente hacernos su colonia en el 1917 no creen en la LIBERTAD Y EN LA JUSTICIA PARA TODOS!  

jueves, 4 de enero de 2018

Who benefits from US’ slow Hurricane Maria response?



This is the reason why Puerto Rico has been a US colony for the past 120 years. Are you aware that by doing so the US government is violating the United Nations’ Charter and 36 of its resolutions asking it to immediately give Puerto Rico’s sovereignty to the Puerto Ricans? Isn’t it obvious why the US doesn’t want to?


Join us in our permanent protests to force the US government to do so.  We will need a category 5 hurricane of people to get it done, because those who exploit people don’t believe in LIBERTY AND IN JUSTICE FOR ALL! https://www.facebook.com/groups/1697349163904877/

miércoles, 3 de enero de 2018

Necesitamos nuestra propia ciudadanía Boricua


No es normal que una nación tenga la ciudadanía de otra nación, pero ese es el caso de Puerto Rico. La única razón por eso es para explotarnos. Ya tenemos más puertorriqueños fuera de nuestro territorio nacional por la falta de oportunidades en Puerto Rico.

Fufi Santori Coll entendió claramente el plan estadounidense para cambiarle la lealtad natural a Borikén de los boricuas, a una nación extranjera. Por eso, Fufi Santori invitó que los puertorriqueños en 1993 a masivamente renunciar la ciudadanía estadounidense.

Queremos hacerle un homenaje a Fufi por esa idea tan genial en su 86 cumpleaños, el lunes 7 de mayo.

Oprima el siguiente enlace para escuchar la entrevista que le hizo Edwin Chungo Molina a José Luis Díaz sobre este homenaje a Fufi: https://youtu.be/p54NOBhZGgw   

Una reseña al cambio paradigmático en la política exterior estadounidense


Por Armando Rivera Carretero


El presidente Franklin D. Roosevelt expreso lo siguiente durante su discurso de inauguración el 4 de marzo de 1933:

“In the field of world policy, I would dedicate this nation to the policy of the good neighbor – the neighbor who resolutely respects himself and, because he does so, respects the rights of others – the neighbor who respects his obligations and respects the sanctity of its agreements in and with a world pf neighbors.”[1]

Con estas sencillas palabras anunció al mundo de un cambio radical con relación a la política exterior estadounidense, especialmente hacia los países de América Central y del Caribe. Así se iniciaba oficialmente la Política del Buen Vecino. Este anuncio en efecto le ponía fin y derogaba oficialmente la política anunciada por el presidente Theodore Roosevelt en 1904, el llamado Corolario de Roosevelt a la Política Monroe.[2] Con este Corolario, Estados Unidos anuncio al mundo y específicamente a los países de América Latina su política de mano dura e intervenciones militares en la región centroamericana y caribeña. Esta área geográfica se había convertido para Estados Unidos en una zona de gran importancia estratégica para la defensa de los intereses de esta nación, los cuales incluían la defensa del Canal de Panamá[3]; y formalmente proclamo al Caribe como su esfera de intereses e influencia, dándole así notificación a las potencias europeas a no intervenir en esta región.[4]

Pero este Corolario a su vez tuvo sus antecedentes. Desde 1898, Estados Unidos había venido practicando la política de intervenciones militares en la región en cuestión. En ese año, Estados Unidos se lanzó al mundo en su primera guerra imperialista, la llamada Guerra Hispanoamericana, invadiendo a las ultimas colonias españolas en América, Puerto Rico y Cuba.[5] Otra intervención pre-Corolario, ocurre en el 1903 cuando Estados Unidos interviene militarmente en el puerto caribeño de Colón, brindándole apoyo a los independentistas del Departamento de Panamá, perteneciente a Colombia, a obtener su independencia. Así nació la República de Panamá.[6] Estados Unidos obtiene mediante tratado con el gobierno de la nueva república, un Protectorado sobre esta desde 1903 a 1924. Además, Estados Unidos obtiene el derecho a terminar de construir el canal iniciado por Lesseps y una franja a ambos lados de diez kilómetros de ancho, “como si fuera soberano”.[7]

Bajo la política del Corolario de 1904, Estados Unidos procedió a invadir a los siguientes países:


1.   Interviene en República Dominicana en 1905. Estados Unidos se adueñó de las riendas del gobierno y administró las aduanas quisqueyanas. Del 1916 al 1924 la invade nuevamente, toma nuevamente las riendas del gobierno y las aduanas.[8] A Estados Unidos le movía la preocupación que potencias europeas acreedoras invadieran a Republica Dominicana para cobrar préstamos morosos de esta.[9]
2.   Interviene en Nicaragua en 1909[10] y luego del 1912 al 1925.[11]La interviene nuevamente del 1927 al 1933.[12] Esta vez Estados Unidos interviene activamente en la guerra civil que se libraba en Nicaragua. Al esta concluir las tropas norteamericanas no abandonaron el país. Esto provocó a Cesar Augusto Sandino a continuar su guerra de guerrillas contra los marinescomprometiéndose a no cesar hasta que el último marine abandonara a Nicaragua. Estados Unidos recurrió a desplazar hasta 22,000 marines en Nicaragua bajo el mando del coronel E. Francis Riggs, de triste recordación en Puerto Rico. A esto, debemos recordar que, en 1916, Estados Unidos firmó el Tratado Bryan-Chamorro, una opción para construir en Nicaragua un canal interoceánico.[13] Cabe indicar que estas intervenciones y ocupaciones militares le ocasionaron a Nicaragua una gran calamidad financiera.[14] Podemos decir también que esta última intervención le resulto al invasor una victoria pírrica.
3.   En 1914 adquiere mediante arrendamiento a largo plazo la Isla del Maíz (Nicaragua) en el Mar Caribe.[15]
4.   En 1906 intervino nuevamente en Cuba bajo la autoridad de la Enmienda Platt. Sus tropas no abandonaron a Cuba hasta el 1909.[16] Repitió con otra intervención a Cuba del 1917 al 1922.[17]
5.   Intervino en Costa Rica del 1918 al 1920.[18]
6.   Intervino en Honduras en tres ocasiones: 1907, 1911 y 1924.[19]
7.   Intervino en Haití del 1915 al 1934 donde administró el gobierno y las aduanas haitianas[20] y negoció con este un protectorado hasta el 1934.[21]
8.   Ocupó las Islas Vírgenes pacíficamente en 1917 mediante compra a Dinamarca. Estados Unidos temía que Alemania adquiriera, durante la Primera Guerra Mundial, control sobre Dinamarca, y así obtuviera acceso a bases navales en las entonces llamadas, Islas Vírgenes Danesas, en pleno Mar Caribe.[22] 
9.   Intervino en México en 1914, ocupando militarmente a Veracruz durante la Revolución Mexicana.[23] Interviene nuevamente del 1916 al 1917, penetraron al estado mexicano de Chihuahua con una llamada Expedición Punitiva para capturar a Pancho Villa (Né, Doroteo Arango). La misma se dividió en dos columnas paralelas, al este y oeste del estado y penetrando unas 350 millas dentro de México. Otra columna militar penetró los estados orientales y colindantes entre sí de Nuevo León y Tamaulipas. Este último, al extremo noreste de México y bañado por las aguas del Golfo de México, a cientos de millas de donde se encontraba Villa.[24] El pretexto del presidente Woodrow Wilson fue el ataque de unos quinientos hombres liderados por Villa al poblado fronterizo de Columbia, en Nuevo México.[25] A pesar de los esfuerzos del general Pershing, quien era el comandante de estas tropas, Villa no pudo ser capturado. Es importante hacer notar que, durante la Revolución Mexicana, Woodrow Wilson provocó en México una oleada de nacionalismo a causa de sus innumerables intervenciones políticas en el país y en sus esfuerzos de imponer su voluntad sobre México.[26] Estas intervenciones de Wilson fueron responsable del principio de la reacción negativa hacia Estado Unidos en los países latinoamericanos.

Estados Unidos continuaba cosechando beneficios con sus intervenciones. Mediante ellas este nuevo imperio obtuvo el consentimiento coaccionado de Cuba, Panamá[27], República Dominicana y Haití, a someterse y aceptar convertirse en protectorados estadounidenses.[28] Durante la Conferencia de las Américas en Montevideo en 1933, Estados Unidos anuncio que liquidaría todos sus protectorados. Le tomó hasta 1940 conseguir esta meta.[29]

Estas intervenciones le ganarían a Estados Unidos la antipatía y rencor de, no solo los países intervenidos, sino los de toda América Latina. En efecto, se trataba de una profunda yankeephobia.[30] Las intervenciones arriba mencionadas operaban para no permitirle a las potencias europeas, en guerra desde agosto de 1914, intervenir en el área de Centro América y el Caribe. Así Estados Unidos protegía el Canal de Panamá, el cual comenzó operaciones en ese mismo año.[31]

Aunque Franklin D. Roosevelt fue quien anunció la Política del Buen Vecino en 1933, el cambio paradigmático de la política extranjera de Estados Unidos hacia la región en cuestión se había venido fraguando en las altas esferas de poder en Estados Unidos, al menos desde la caída de la Bolsa de Valores en Wall Street, la subsiguiente Gran Depresión y durante el cuatrienio del presidente Herbert Hoover. Como ya vimos, la Política del Gran Garrote basada en el Corolario de Theodore Roosevelt había creado demasiado resentimiento hacia Estados Unidos en todos los países latinoamericanos, aunque este resentimiento era más intenso en la región de América Central y del Caribe. La experiencia nicaragüense, aún antes de la caída de la Bolsa de Valores en Wall Street en el 1929, le indicó a Hoover que estas aventuras intervencionistas de Estados Unidos resultaban ser demasiado costosas. Luego de la caída de la Bolsa de Valores neoyorquina en 1929 y la Gran Depresión que resulto de esta, Hoover, quedo plenamente convencido que estas intervenciones no resultaban financieramente viables para Estados Unidos. La maltrecha economía estadounidense sencillamente no producía suficientes ingresos al fisco.[32]

Como dijimos arriba, la Caída de la Bolsa de Valores en el 1929[33] y la Gran Depresión mundial, le hicieron imperativo a Estados Unidos completar este cambio paradigmático de su política exterior hacia los países de América Central y el Caribe. La Gran Depresión fue de tal magnitud que hizo tambalear la economía mundial, y especialmente la de Estados Unidos. El comercio mundial se redujo en 25% desde 1929 a 1933. Sin embargo, en términos de su valor monetario, el comercio mundial se redujo en 66%. Estados Unidos sufrió una contracción en sus exportaciones del 52% en 1929 a solo el 32% en 1933.[34] Estados Unidos sufrió los estragos de la Gran Depresión, la peor crisis económica del sistema capitalista en su historia.[35] 

Hoover se vio obligado a adoptar una política de no intervención hacia los países de la región en cuestión. En efecto práctico una política de buen vecino silenciosa, sin llamarla así. Hoover le dejo a Franklin Roosevelt el honor de anunciar al mundo oficialmente la adopción de la Política del Buen Vecino en 1933.

Como hemos visto, Estados Unidos sencillamente no podía continuar sufragando los impresionantes gastos de estas intervenciones. Necesitaba urgentemente reactivar su maltrecha economía. La solución de Washington fue poner fin a estas intervenciones, ganarse la buena voluntad de los países de América Latina y emprender la recuperación económica mediante tratados bilaterales de comercio para aumentar sus exportaciones y proveerse mutuamente de recursos económicos mediante el aumento de sus exportaciones a Estados Unidos. El cambio paradigmático en política exterior estadounidense se puede expresar sucintamente en cambiar el énfasis de su política exterior, de un estratégico político a un estratégico económico.

Franklin Roosevelt expresó su política exterior con las siguientespalabras: “The most important item in our country’s foreign policy is the economic exchange of merchandise”. Por su parte el Secretario de Estado, Cordell Hull, enfatizó la eliminación de la política de poder militar y propuso descongelar los canales de comercio e inversiones, consciente que América Latina era el área más prometedora para la recuperación de los mercados estadounidenses.[36]

Estos cambios en política exterior se comenzaron a notar tan temprano como el cuatrienio del presidente Hoover. Este se abstuvo de invadir a país alguno de la región durante su incumbencia. Prefirió utilizar a sus servicios diplomáticos para resolver problemas y negociar tratados bilaterales de comercio. Aunque es cierto que amenazo con intervenciones militares en tres ocasiones desde el 1929 hasta el 1934, estas eran meramente un bluff, utilizado como palanca para obtener el consentimiento de los países de la región en negociaciones diplomáticas.[37] La política de Hoover hacia la región en cuestión se ve claramente encarnada en dos ejemplos: los casos de Panamá y Haití en 1931. En Panamá surge una guerra civil, y Haití cae en mora en sus deudas a Estados Unidos. Hoover se rehúso a intervenir en ambos casos.[38]Varios historiadores que notaron este cambio de política exterior silenciosa, se expresan de la siguiente manera:

1.   Donald Dozer argumenta que durante la década de los ’20, los encargados de elaborar y revisar la política exterior de Estados Unidos se alarmaron ante el deterioro de sus relaciones con América Latina y decidieron derogar la política del Gran Garrote.[39]
2.   Alexander de Conde argumenta que Hoover fue el iniciador de la Política del Buen Vecino y que Franklin Roosevelt meramente la anunció oficialmente y la expandió desde el 1933 en adelante.[40]
3.   Robert Farrell, secunda la opinión prevaleciente entre otros historiadores a los efectos de que la política de Hoover era una de no-intervención.[41]
4.   Lloyd Gardner concluye que la política del Buen Vecino que anuncio Roosevelt fue la culminación de diez años precedentes a la inauguración de Roosevelt en el pensamiento del Departamento de Estado.[42]


[1] Franklin Delano Roosevelt, Inaugural Address, Delivered, March 4th, 1933 and Encyclopedias,www.fdrlibrary.edu/resources/images/msf/msf00628
[2] The Roosevelt Corollary and Latin America, U. S. History, https://www.ushistory.org/us/44e
[3] Bemis, Samuel Flagg, The Latin American Policy of the United States, Hardford, Brace and Company, New York, 1943 p. 185
[4] Pérez, Jr., Louis A., Cuba Bajo La Enmienda Platt, 1902-1934, , University of Pittsburgh Pres, Pittsburgh, 1986, pp. 109-110
[5] Perez, Jr, Louis A., The War of 1898, The University of North Carolina Press, Chapel Hill and London, 1998, Passsim
[6] Lombardi Cathryn L. and Lombardi., John V., Latin American History: A Teaching Atlas, University of Wisconsin Press, Madison Wisconsin, 1983, p. 26
[7] Early, Edwin, et al, The Historical Atlas of South America, Macmillan USA, New York, 1998, p. 121:  Bemis, Samuel Flagg, The Latin American Policy…, pp. 149-50
[8] , O’Brian, Martin K., General Editor, Atlas of World History, From the Origins of Humanity to the Year 2000, Oxford University Press, New York, 1999, pp. 62, 162, 227; Early, Edwin, et al, The Historical Atlas of South America, Macmillan USA, New York, 1998, p. 121
[9] Invasion of Dominican Republic, 1905, www.ushistory.org/us
[10] Bemis, The Latin American Policy, p. 162
[11] Ibíd., p. 210
[12] Early, The Historical Atlas, p. 121; #14, O’Brian, Atlas of World History, p. 227; #13, Lombardi, Latin American History, p. 227.
[13] Lombardi, Latin American History, pp. 26, 62
[14] Bemis, The Latin American Policy, p.186
[15] Lombardi, Latin American History, p. 26; O’Brian, Atlas of World History, p. 227; Bemis, The Latin American Policy, p. 164
[16] Musican, The Banana Wars, Macmillan Publishing Company, Ney York, 1990#12, Early, The Historical Atlas, p. 121; Pérez, Jr., Cuba, p 103-108; #114; Diplomatic Cables, Ambassador Welles to Secretary of State, https://history.state.gov/historical documents/frus1933v05/d257p 127; Pe6rez, Jr., Cuba, pp. 160-61
[17] O’Brian, Atlas of World History, p. 227
[18] Ibíd., p. 227
[19] Ibíd., p. 227
[20] O’Brian, Atlas of World History, p. 227; Lombardi, Latin American History, p. 62; Early, The Historical Atlas, p. 121; Bemis, The Latin American Policy, p. 210
[21] Early, The Historical Atlas, p. 121
[22] Bemis, The Latin American Policy, pp. 116-17
[23] O’Brian, Atlas of World History, p. 227; Lombardi, Latin American History, pp. 62, 68; Early, The Historical Atlas, p. 115
[24] Lombardi, Latin American History, p. 68
[25] Meyer, Michael C. and Breezley, William H., The Oxford History of Mexico, Oxford University Press, New York, 2000, p. 460
[26] Meyer, The Oxford History of Mexico, p. 461
[27] Early, The Historical Atlas, p. 121; #1, Bemis, The Latin American Policy, pp. 149-50
[28] Bemis, The Latin American Policy, pp. 203, 209
[29] Ibíd., p. 278
[30] Ibíd., p. 151
[31] Ibíd., p. 191
[32] Ibíd., pp. 221, 213
[33] Steward, Dick, Trade and Hemisphere: The Good Neighbor Policy and Reciprocal Trade, University of Missouri Pres, Columbia, Missouri, 1975, p. 1
[34] Ibíd., p. 2
[35] Ibíd.
[36] Ibíd., p. 9
[37] Curry, E. R., Hoover’s Dominican Diplomacy and the Origins of the Good Neighbor Policy, Garland Publishing, New York and London, 1979, p. 10
[38] Bemis, The Latin American Policy, p. 221
[39] Are we Good Neighbors? Three Decades of Inter-American Relations, 1930-1960, Gainsville, Florida, 1959, p. 12, citado en, Curry, E. R., Hoover’s Dominican Diplomacy and the Origins of the Good Neighbor Policy, Garland Publishing, New York and London, 1979, p. 6
[40] Hoover’s Latin American Policy, Stanford and London, 1951, p. 124, citado en Curry, E. R., Hoover’s Dominican Diplomacy and the Origins of the Good Neighbor Policy, Garland Publishing, New York and London, 1979, p. 3
[41] American Diplomacy in the Great Depression: Hoover-Stimson Foreign Policy, 1929-1933, New Heaven Connecticut and London, 1957, p. 215-233, citado en, Curry, E. R., Hoover’s Dominican Diplomacy and the Origins of the Good Neighbor Policy, Garland Publishing, New York and London, 1979, p. 4
[42] Economic Aspects of the New Deal Diplomacy, Madison, Wisconsin, 1964, citado en Curry, E. R., Hoover’s Dominican Diplomacy and the Origins of the Good Neighbor Policy, Garland Publishing, New York and London, 1979, p. 5