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miércoles, 30 de noviembre de 2016

CRIMEN Y CASTIGO


Por MX

Para los Tainos, el crimen más horrible entre ellos, el que se juzgaba merecedor de la pena máxima, era el robo. La pena máxima era la expulsión de por vida de la aldea o yucayeke. Ya que toda propiedad era comunal por lo que el robo no era un delito contra un individuo en particular sino contra toda la comunidad. En aquellos tiempos y condiciones, tal acto de robo, podía conllevar a que a  todo el pueblo se viera en una situación precaria.

Este  concepto político-económico de justicia hacía de los tainos gente excepcionalmente honrada.
Pero la cosa no se quedaba ahí, para proteger a los demás tainos de los demás yucayekes, se enviaba un emisario para notificarles y denunciar el delito que tal taino había cometido. Así que los días estaban contados para el criminal ya que los demás tainos entendían que si el delincuente le había robado a su propia aldea, a su propia gente, a su familia y seres amados, que evitaría que a ellos también les robara.

Si aún no han entendido, imaginado o intuido, ese acto de expulsión del yucayeke por tal delito, equivalía a la pena de muerte ya que era prácticamente imposible vivir en aquellos tiempos y condiciones solo en el bosque.

La corrupción o robo al yucayeke de nuestros días, entiéndase al estado, es uno de los principales impedimentos para que una nación pueda lograr un nivel adecuado de desarrollo económico. La relación criminal entre funcionarios públicos y empresarios llega al punto de hasta implementar leyes y reformas económicas para beneficio propio de los políticos y empresarios a expensas del dinero del pueblo. La lucha contra la corrupción no es tan solo un imperativo moral en la sociedad sino 
económico nacional. En aquella nación donde se establecen influencias y relaciones delictivas entre empresas y funcionarios públicos, los acuerdos y contratos de servicio y proyectos de infraestructura para el desarrollo o mantenimiento del país, no se logran a  base de la competencia justa entre empresas para lograr determinar lo mejor para la nación sino por “amiguismo” y soborno. Tales resultados perjudican grandemente a cada individuo particular y a la nación en general porque eso se traduce en costos más altos  y de menor calidad en los proyectos.

Como también en menos atención a las necesidades reales de los ciudadanos, menor inversión en la educación, pobre calidad en salubridad, menos servicios y de menor calidad de los mismos. Tal corrupción provoca conducta delictiva en una parte de la población pues piensa: “si ellos roban yo también robo” o al menos podrían justificarse pensando: “¿por qué no puedo robar también?  Para completar el cuadro, se genera un grado de escepticismo en la justicia, una evasión contributiva, fuga de capital, freno en las inversiones, tanto por nacionales como internacionales y otros males.

Habrá gente que dirá, como yo oído, que como todos los políticos son pillos, para que robe el del otro partido que mejor robe el de mi partido. Otros piensan que no es a ellos a quienes se les roba sino al gobierno, como si el gobierno fuera un ente de otro planeta. Nos habremos de encontrar con estos enajenados que lo único que podremos hacer con tales es tirarlos a perdida y que son parte del problema convirtiéndose en cómplices de la corrupción ya sea consiente o inconscientemente.


En resumen, por lo anterior podemos fácilmente deducir que quien le roba al estado o gobierno, le roba a la nación, nos roba a todos. Las arcas del tesoro nacional son de todos, para todos y por todos y no se trata de un robo a una entidad ajena o contra un individuo, sino contra toda la nación, contra toda la comunidad, contra ti y contra mí. Y eso señoras y señores y demás ejemplares de la fauna humana, es traición a la patria y como tal deberán ser juzgados. Y a eso le temen quienes no quieren que Borinken sea libre, independiente y soberano.

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